sábado, 12 de marzo de 2011

Los indígenas sojeros de Puerto Barra



Por Wilson Ferreira y Andrés Colmán Gutiérrez
PUERTO BARRA, ALTO PARANÁ

Con un cántico ritual en su idioma originario, que agradece a la naturaleza por haberles otorgado una excelente cosecha, los pobladores de la comunidad indígena Aché de Puerto Barra Tapyi, a 130 kilómetros al Sur de Ciudad del Este, dieron inicio a la recolección de las 100 hectáreas de soja mecanizada, con un alto rendimiento de entre 3.500 a 4.200 kilos por hectáreas.
Dos potentes cosechadoras, alquiladas a productores sojeros brasileños, iniciaron los trabajos, mientras los indígenas acompañaban la tarea con un tractor y una sembradora ya perteneciente a la comunidad, sembrando en seguida semillas de maíz de entretiempo, tipo “zafriña”, para recomponer la fertilidad del suelo y producir la rotación de cultivos.
“Si todo sigue muy bien, en poco tiempo ya vamos a disponer de los fondos necesarios para comprar nuestras propias cosechadoras”, anuncia Ángel Tatugui, cacique primero de la comunidad.
Desde el costado del camino, los miembros de la comunidad observaban atentamente la labor de cosecha. Muchos de ellos, principalmente los niños, adolescentes y mujeres, llevaban el rostro adornado con pinturas rituales, como signo de celebración. Varios invitados compartieron la ceremonia, entre ellos los intendentes municipales de Naranjal y Santa Rosa, y el presidente de la Unión de Gremios del Paraguay (UGP), Héctor Cristaldo.

MODELO DE AUTOGESTIÓN. La comunidad Aché de Puerto Barra Tapyi está asentada en una propiedad de 821 hectáreas, de las cuales 240 están mecanizadas y explotadas para la agricultura. Tienen 100 hectáreas de cultivos de soja, 100 hectáreas de maíz y las restante 40 se componen de rubros para autoconsumo.
Se dedican a la agricultura desde 1983, desde entonces han evolucionado en el aprendizaje y uso de herramientas de trabajo. Hoy cuentan con tres tractores, y una plantadora para siembra directa. Mantienen sus reservas de bosques y ríos, donde enseñan a los niños las técnicas ancestrales de caza y pesca, con el uso de implementos tradicionales como el arco y la fecha, heredado de sus antepasados silvícolas. Igualmente desarrollan un plan educativo que revaloriza su idioma originario, sus cánticos y danzas, pero se abre a nuevos aportes culturales como el uso de computadoras y elementos de tecnología de punta.
Los Aché también se dedican a la cría de unas 40 cabezas de ganado vacuno, con producción de leche, queso y yogurt, para consumo y venta; cría de 60 cabezas de ganado porcino, y están incursionando en la piscicultura, con dos piletas para cultivo de tilapia.
Por su exitoso modelo de autogestión, fueron premiados entre los Personajes Destacados del 2010 por los periodistas del diario Última Hora.
Uno de los muchos elementos pintorescos observados ayer, fue ver al docente indígena Timoteo Torigui, filmando la cosecha de soja con la cámara de su teléfono celular 3G. Explicó que utiliza las filmaciones audiovisuales en sus clases didácticas.

PROSPERIDAD. Gracias a la exitosa producción agropecuaria, la comunidad Aché “no le debe nada a nadie”, sostiene el cacique Angel Tatugui.
“Todo lo que hoy tenemos es gracias al trabajo y al esfuerzo de las 38 familias Aché que habitamos en Puerto Barra. No perdemos nuestra tradición, al contrario la mantenemos, y ese mismo esfuerzo guerrero que hacían nuestros ancestros para vivir en el bosque, hoy lo hacemos nosotros para vivir de la agricultura”, destaca.
El dirigente indígena señala que los ingresos por la venta de la cosecha de soja se re-distribuye equitativamente entre todos los miembros de la comunidad. “Gran parte de los fondos se destinan a mejorar los servicios comunitarios, y sobre todo se ayuda a las familias que más necesitan. Incluso tenemos que costear gran parte de la salud, porque en esta zona no hay casi servicios del Estado, si alguien se enferma grave no nos queda más que ir a Ciudad del Este, con todo el costo que significa”, señala Tatugui.

1 comentario:

Sebastián Acha dijo...

Felicidades Andres! Emocionante relato y extraordinario ejemplo!! Un abrazo!