martes, 23 de junio de 2009

En el Paraguay, los Mbya agonizan entre el olvido y la prostitución


Las familias Mbya Guaraní, enel asentamiento Kuarahy Rese, al costado de la Terminal de Ciudad del Este, sobreviven entre la basura y ya no quieren volver al campo.


A 30 kilómetros de distancia, pero a siglos de diferencia, los Mbya Guaraní de Ciudad del Este (Paraguay) y Puerto Yguazú (Argentina) muestran dos realidades contrapuestas. Lo que no se hace, y lo que se puede hacer.


Por Sofía Masi
y Andrés Colmán Gutiérrez

CIUDAD DEL ESTE

Si usted llega en ómnibus a Ciudad del Este y se baja en la Estación Terminal, lo primero que va a encontrar a la salida es a un grupo de niños indígenas Mbya Guaraní, harapientos y descalzos, que le pedirán dinero y comida.
Muchos de ellos tienen los ojos vidriosos y perdidos por haber estado inhalando la barata y nociva droga del pegamento, conocido popularmente como “cola de zapatero”, y es posible que se pongan agresivos y violentos si usted se niega a ayudarles.
Cuando salga a la calle, mire hacia la izquierda: verá un amplio terreno baldío, en donde están instaladas precarias chozas de hule y cartón, rodeadas de malezas y basura. Allí, desde hace dos años, habitan cerca de 30 familias Mbya Guaraní, que llegaron huyendo de la pobreza desde Caaguazú, Guairá y el interior del Alto Paraná. A pesar del triste paisaje, la comunidad tiene un poético nombre guaraní: Kuarahy resé.
No se sorprenda si, al abordar un taxi y pasar por frente del asentamiento, el chofer, con un guiño pícaro, le ofrece los servicios sexuales de alguna “tierna niña indígena”.
La prostitución es otra de las formas encubiertas de sobrevivencia que han encontrado los nativos, además de la mendicidad, la caridad asistencialista, la recolección y el reciclado de basura, y hasta algunas toleradas formas de robo menor.

TOLDERÍAS URBANAS. Ante la miseria y el abandono que sufren en el campo, muchos nativos Mbya Guarani han abandonado sus seculares tierras para formar “tolderías urbanas” en la capital del Alto Paraná. Los asentamientos más conflictivos son los que están cerca de la terminal y al costado del Centro Regional de Educación.
“Vivimos recogiendo latitas, botellas, basura. Todo lo que juntamos, vendemos por kilo, y de eso compramos para nuestra comida. A veces no nos alcanza y estamos sin qué comer. Muchos vienen un tiempo, consiguen ropas, alimentos y después vuelven a nuestra comunidad”, relata Valeriano Villalba, de 25 años, quien llegó hace unos meses a instalarse con su familia en el baldio de la Terminal.
Varios provienen del histórico “Tecoha” Mbya de Campo 9, Caaguazú, la región donde el gran antropólogo León Cadogan conoció a los grandes “jakaira” y recogió algunos de los mitos ancestrales que volcó en la clásica obra “Ayvu Rapytá”, pero estos Mbya ya casi nada recuerdan de aquellos cantos de sabiduría primigenia. La memoria se su cultura se les ha borrado, y en su lugar suenan estridentes la cachaca y el reguetón.
Entre 70 y 80 niños, descalzos, desnudos, o con pocas prendas, corretean entres las chozas. Casi todos se mantienen analfabetos y no reciben atención médica. “Yo nunca me fui a la escuela”, confiesa Samuel Benítez, un joven indígena Mbya de 17 años.

PÉRDIDA DE IDENTIDAD. A veces, en el corazón de la noche, sentados alrededor del tataipy (fogata), los más adultos tratan de rescatar sus ritos y sus danzas al son del mbaraká (guitarra) y el takuapú (sonido de takuaras golpeando la tierra), pero encuentran poco entusiasmo en los más jóvenes, admite Valeriano Villalba.
“Tenemos que abandonar nuestras tierras para conseguir qué comer. Cuando llegamos a la ciudad todo es diferente. No podemos hacer lo mismo que en nuestras antiguas comunidades. Todos salen de día a rebuscarse por las calles y vuelven de noche. Algunos se van y no volvemos a saber de ellos. Las familias se dividen, hay niños que no están más con sus padres”, revela Valeriano, en un dificultoso castellano.

ASISTENCIALISMO. Los dos grupos de indígenas Mbya instalados en el área urbana de Ciudad del Este están bien diferenciados.
Los de la comunidad Kuarahy Rese, con cerca de 30 familias instaladas al costado de la Terminal, tratan de combatir el consumo de drogas entre los niños y los jóvenes y ya no quieren regresar a sus comunidades de origen. Piden tierra propia, pero dentro o cerca de la ciudad.
Las más de 10 familias ubicadas frente al Centro Regional de Educación ya se han vuelto dependientes del consumo de la cola de zapatero y el crack. Más de una vez fueron regresadas a sus comunidades de origen por la secretaría de Asuntos Indígenas de la Gobernación de Alto Paraná, pero a los pocos días retornaron a la capital departamental.
Hasta ahora, ni el Instituto Nacional del Indígena (INDI), ni la Secretaría de Asuntos Indígenas de la Gobernación, pudo implementar un proyecto de desarrollo sostenible en las comunidades indígenas, para evitar que migren a la ciudad.
Desde el mes de junio, la Secretaría Nacional de la Niñez y la Adolescencia, provee mensualmente una dotación de alimentos. El secretario regional, sacerdote Nilo Marmol, explicó que sólo es una medida de urgencia mientras definen un plan de desarrollo sostenible para los nativos. Por ahora es sólo una medida asistencialista.

En la Argentina, un “tekoha de dignidad" protege a los indígenas


El coro Yryapy Poty Miri, de la comunidad Mbya Guaraní de Yryapu, recibe con canciones indígenas a los turistas que visitan las Cataratas del Yguazú, en el lado argentino.


En sus 265 hectáreas de selva virgen remanente, los 400 Mbya de Iryapu enseñan a sus niños a hablar, a cantar y a soñar en el guaraní antiguo de sus mayores, mientras viven con dignidad de la industria turística.

Por Andrés Colmán Gutiérrez
y Sofía Masi

PUERTO YGUAZU, ARGENTINA

Un melodioso canto en guaraní ancestral recibe a los visitantes que ingresan al Parque Nacional de las Cataratas del Yguazú, en el lado argentino. Vestidos con remeras de color azul, con pinturas en el rostro y adornos de plumas y semillas, cinco niñas y cinco niños Mbya acompañan al cacique Agapito Franco en la entonación de una antigua canción que habla de la creación del mundo guaraní, cuando el Padre Primero Ñamandú hizo nacer el primer resplandor de la vida.
Son los integrantes del Coro Yryapu Poty Mirî, formado por alumnos de la Escuela Intercultural de Turismo Mbya Guaraní “Yachuka Yvapoty”, más conocida como “la Escuelita de la Selva”, que funciona en el corazón de la Selva Yryapu, a solo 8 kilómetros de las Cataratas.
Los miembros del coro no mendigan dinero, solo cantan, son sus dulces voces acariciando el aire, al son de una guitarra y las takuaras que golpean el suelo. Los turistas, admirados por esa muestra de cultura primigenia, van depositando su voluntaria contribución en una cesta ubicada en el piso.
“Nosotros no pedimos dinero, solo venimos a regalar el arte musical que hemos aprendido de los abuelos. Pero el dinero que nos dan en colaboración servirá para ayudar a la comunidad de Yryapu en sus planes de educación y desarrollo” explica el cacique Agapito.

ISLA DE LA UTOPÍA. A la salida de la ciudad de Puerto Yguazú, provincia de Misiones, Argentina, a orillas del río Yguazú, aguas debajo de las Cataratas, se encuentra la entrada a la comunidad Mbya Guaraní de Yryapu, voz nativa que se traduce como “ruido del agua”.
Allí, en unas 265 hectáreas de tierra, en su mayor parte compuesta aún por selva virgen, habitan unos 400 Mbya Guaraní “argentinos”, implementando un modelo de desarrollo sostenible basado en los valores de su cultura indígena ancestral.
Con el acompañamiento de miembros del Proyecto Mate, un emprendimiento apoyado por el Instituto Técnico (ITEC) de Iguazú y financiado por el Niagara College de Canadá, los nativos aprenden cada día cómo desenvolverse en un contexto en el que las leyes son diseñadas por hombres y mujeres que no tienen su misma visión de organización social, política y económica.
La esencia guaraní sigue intacta, pero los Mbya entendieron que en estos tiempos deben adaptarse sin cambiar su cultura, según lo explica Francisco Franco, (su nombre guaraní es Kuarahy), maestro de la Escuela Intercultural Jachuka Yvapoty, que lleva el nombre guaraní de la abuela mayor de la comunidad, Clemencia González. Ella, a sus 78 años de vida, guarda en su memoria la sabiduría guaraní, que se encarga de transmitirla a su pueblo.
“Lo más importante es mantener a la comunidad unida. Lograr que nuestros jóvenes aprendan y mantegan su cultura, el respeto a las autoridades y luchar hasta conseguir lo que buscamos. Aquí hemos luchado mucho para conseguir nuestra tierra y poco a poco estamos creciendo”, dice Francisco.

ADAPTACIÓN. A tan solo unos 30 kilómetros de distancia de sus hermanos indígenas Mbya de Ciudad del Este, Paraguay, que viven sumidos en el abandono, la miseria, la droga y el abandono, los de Yryapy dicen ser conscientes que la realidad del antiguo Mundo Guaraní cambió y nos les queda otra que adaptarse para avanzar.
“Nos quitaron nuestra tierra, ya no podemos vivir como antes. No tenemos ríos donde pescar ni bosques donde cazar. Hoy nos toca organizarnos para vivir del turismo y la agricultura. Tenemos que adaptarnos sin cambiar nuestra cultura”, manifestó Francisco, líder guaraní.
En la pizarra de la Escuelita de la Selva, la lección del día enseña como armar un “mondepi guachú”, una trampa de troncos en medio de la selva, para defenderse del ataque de un tigre.
“El monte que conservamos aquí ya es muy pequeño para nuestras necesidades, pero queremos que nuestros niños aprendan como es nuestra vida allí. El monte para los Mbya es sagrado. Allí teníamos lo que necesitamos, alimentos, refugio, salvación”, explica el maestro Francisco.
Hoy, la comunidad Yryapú está dentro del circuito turístico de las Cataratas. La comunidad comparte su territorio junto a cadenas de grandes hoteles como el Hilton, el Sheraton o el nuevo complejo Loi Suites, instalado dentro de la misma selva Yryapu, que tiene un total de 600 hectáreas.
Para los indígenas, trabajar del turismo no es tarea fácil. El concepto de producción, la remuneración, la regla costo- beneficio son todavía desconocidos en varios aspectos, por lo que permanentemente son asesorados por miembros del Proyecto Mate.
Los nativos confeccionan sus artesanías, las exponen a la entrada de la comunidad y las ofrecen a los turistas. El lugar cuenta con senderos en medio del monte, donde los visitantes pueden conocer las viviendas tradicionales de adobe y takuara, las trampas para la caza, o asistir a alguno de sus rituales, entre otros atractivos del mundo guaraní.

APRENDIZAJE. La esencia cultural de Yryapu se forja en la Escuela Intercultural, un monumento al trabajo en equipo y un espacio de aprendizaje permanente. Funciona desde el año 2007. Fue construida en 6 meses por los nativos, quienes en ese tiempo aprendieron a usar los elementos de albañilería, guiados por un obrero paraguayo.
Claudio Salvador, periodista y educador, integrante del Proyecto Mate, explica cómo niños, jóvenes y adultos aprenden en la escuela a conservar sus tradiciones y preservar su identidad nativa.
“Utilizan materiales audiovisuales como instrumento pedagógico. En estos videos hablan los chamanes (líderes espirituales), quienes cuentan sus historias, cómo desenvolverse, la forma en que se organizan, las leyes, las creencias, todo. El material es totalmente en guaraní y llevó casi un año producirlos y editarlos”, relata Salvador.
Los videos son temáticos y abordan el Sistema Económico Tradicional de los Mbya, la Identidad, Ley y Castigo, Matrimonio y Familia. La escuela cuenta con dos profesores indígenas y dos argentinos. De lunes a miércoles, los docentes argentinos dictan clases del Sistema Educativo tradicional de la Argentina y los jueves y viernes, los educadores indígenas comparten historias, creencias y tradiciones con los alumnos.

AYUDA. “¡Ah, ustedes son paraguayos! Entonces podemos hablar en guaraní”, dice Miguel, de 40 años, conocido por su nombre guaraní Kuaraky Miri, otro de los activos dirigentes de la comunidad Yryapú.
En el asentamiento, se escuchan sonar las polcas cantadas por Oscar Pérez y su Formula Nueva, o por el conjunto electrónico de Ovidio Román. “Si, muchos preferimos escuchar las polcas paraguayas, porque son músicas en guaraní y mantienen vivo a nuestro idioma, pero el guaraní Mbyá es más cerrado que el paraguayo, cuando hablamos en nuestra verdadera lengua, ustedes no nos entienden, pero al menos entienden más que los argentinos”, sostiene.
Él ha visitado varias veces a las comunidades Mbya en territorio paraguayo y se muestra dolido por la situación de pobreza y abandono en que estos sobreviven.
“El pueblo indígena no tiene fronteras. Todo lo que tenemos lo hemos conseguido con nuestra lucha. Visité hace un tiempo a mis hermanos en Mbaracayú (distrito de Alto Paraná) y ellos ahora están peleando por tierra”, cuenta.
“Es muy triste lo que pasa con los hermanos que están en Ciudad del Este y en otras zonas urbanas del Paraguay, quisiéramos ayudarles transmitiendo nuestra experiencia de lucha y de crecimiento”, dice Miguel, quien ofrece su ayuda para dialogar y acompañar a sus hermanos que habitan en el territorio paraguayo.

martes, 16 de junio de 2009

Periodistas se encuentran para hablar de la realidad fronteriza


Jackson Lima (Foz do Iguaçu, Brasil), Claudio Salvador (Puerto Iguazú, Argentina) y Andrés Colmán Gutiérrez (Ciudad del Este, Paraguay), en un encuentro trifronterizo con Judit Vitores, de Canal 7 de Buenos Aires.


Convocados por la periodista argentina Judit Vitores, comunicadores sociales de Brasil, Argentina y Paraguay, se encontraron en Foz de Yguazú, para contar su realidad social, cultural y económica, en el contexto de las Tres Fronteras, desde una perspectiva periodística.


Por Sofía Masi
FOZ DE YGUAZÚ, BRASIL

Un reportaje multicultural sobre una realidad regional muy particular que se vive en la Triple Frontera, fue la excusa perfecta para congregar a destacados periodistas de Brasil, Argentina y Paraguay.
Judit Vitores, periodista de Misiones en el programa Estudio País 24, transmitido a través del canal 7 de Buenos Aires, convocó a los comunicadores con el objetivo de recoger historias y visiones sobre las realidades particulares de cada uno de los tres países que componen la Triple Frontera.
"Nuestra idea es tratar con ellos los temas sensibles que afectan a la gente en esta región. Identificar los puntos de encuentro y desencuentro en la frontera. Por un lado divide la lucha por el poder económico y político. Por otro lado, hay un inevitable encuentro cultural que genera una nueva identidad", manifestó Judit a modo de explicar la intención de hacer un reportaje sobre las tres fronteras.
Los convocados fueron Jackson Lima, periodista de Foz de Yguazú (Brasil), quien actualmente se dedica al periodismo digital con más de 90 blogs (espacios de información digital) en Internet, de los cuales la mayoría aborda temas fronterizos; Claudio Salvador de Puerto Iguazú (Argentina) quien desde Radio Cataratas conduce el programa "Más sábado que nunca", un magazín semanal que aborda diferentes temáticas, privilegiando el compromiso ambiental con el río Iguazú y su cuidado como bien natural de la humanidad y por Paraguay, contribuyó Andrés Colmán Gutiérrez, actual coordinador periodístico de la Redacción Regional del diario Última Hora en Ciudad del Este.

EL ENCUENTRO. La renegociación de los tratados binacionales de Itaipú y Yacyreta, recursos naturales, contrabando, mafia fronteriza, relaciones políticas y convenios internacionales se trataron en un debate detrás de cámaras con posturas muy encontradas, durante un almuerzo en el restaurante Rafaín, ubicado en Foz de Yguazú (Brasil) camino a las Cataratas.
Uno de los propietarios del restaurante, el arquitecto Nilso Rafagnin, acompañado de su esposa Mariam Damen Rafagnin, fueron los anfitriones del encuentro y acompañaron todo el proceso de filmación de las entrevistas individuales, que se realizaron en la plaza frente al Colegio Estadual Bartolomeu Mitre y en un edificio céntrico de Foz.

EL DESAFÍO EN LA FRONTERA. "Los desencuentros en la frontera son históricos y existen numerosos desafíos que deben asumir los Gobiernos de los tres países y la propia gente. El principal objetivo debería ser crecer en conjunto buscando el equilibrio entre los países con mayor ventaja como Brasil y Argentina con el país pequeño, en este caso Paraguay", concluyó Judit Vitores, luego de conversar con cada uno de los periodistas sobre las coyunturas que viven sus países en el marco de las tres fronteras.
Claudio Salvador de Puerto Iguazú destacó la importancia del encuentro, propuso darle continuidad y ampliarlo a más comunicadores sociales de la región."Se imaginan ustedes cuánto de bueno podríamos aportar como periodistas al desarrollo de esta postergada región del Yguazú. Si los encuentros se mantuvieran en el tiempo articulando esfuerzos, enriqueciendo posturas, alimentando esperanzas y condenando a quienes destruyen la región y se interponen al desarrollo sano, justo e igualitario de nuestras comunidades. ¡Sería fantástico!", dijo Salvador, lanzando al aire una propuesta que podría generar una plataforma periodística de debates y construcción en la Triple Frontera.

jueves, 4 de junio de 2009

CDE Confidencial (5): La marihuana cruza en lanchas desde los refugios de Itaipú


Un cargamento de contrabando listo para ser cruzado al Brasil, en el muelle clandestino conocido como "Codorso", a orillas del embalse, área de reserva controlada por Itaipú.


La Policía Federal brasileña sorprendió a tres hombres que desembarcaban 2 toneladas de marihuana en Itaipulandia, al otro lado del refugio Tati Yupí. Hubo disparos y un menos herido.


Por Andrés Colmán Gutiérrez,
Wilson Ferreira
y Francisco Espínola

CIUDAD DEL ESTE

La lancha deslizadora, dotada con un poderoso motor fuera de borda, partió el martes 1 de julio, cerca de las 16.00, desde un puerto clandestino en el lado paraguayo, no muy lejos de donde se encuentra el Refugio Biológico Tatí Yupí, uno de los destinos turísticos más promocionados por la Itaipú Binacional en sus áreas protegidas o de reserva.
Con unos potentes anteojos larga vista, investigadores de la Policía Federal siguieron desde la costa brasileña el curso de la embarcación, que iba dejando una potente estela a su paso, mientras navegaba a gran velocidad entre los muñones de árboles que aún asoman en la superficie del gran lago de Itaipú, y lo vieron atracar en otro precario muelle pirata, ya en territorio del vecino país, en un sector desolado, en el lugar conocido como Línea Caramuru, en el distrito de Itaipulandia.
“Hace días que veníamos manteniendo este punto de cruce bajo observación, porque teníamos informaciones de que por allí iban a pasar un gran cargamento de maconha (marihuana) desde el Paraguay”, relató a Última Hora uno de los investigadores brasileños.
Rápidamente, los agentes de la Federal se dirigieron hasta el sitio, a través de un camino de difícil acceso. Cuando llegaron, al cabo de varios minutos, la embarcación ya había partido de nuevo, pero en el lugar se encontraban tres hombres transportando la carga, quienes al percatarse que se aproximaban los policías, empezaron a disparar con una pistola y dos escopetas.

ADOLESCENTE HERIDO. “Mantuvimos un fuerte intercambio de disparos, en donde por suerte no hubo heridos entre nuestras fuerzas, pero uno de los narcotraficantes cayó al suelo, alcanzado por el refilón de una bala en la pierna, y los otros dos aprovecharon para huir. Cuando nos acercamos, encontramos que el herido era un menor de edad, aún adolescente”, relató el agente policial brasileño.
En el suelo, a orillas del Lago, el cargamento quedó abandonado: 10 toneladas de marihuana paraguaya, que fue trasladada hasta la Delegación de la Policía Federal, en Foz de Yguazú. El adolescente herido fue derivado bajo estricta custodia al hospital de Itaipulandia.

TRÁFICO CONSTANTE. Este es el tercer cargamento de marihuana procedente del Paraguay que la policía Federal brasileña decomisa, en apenas un mes de vigilancia.
El pasado 30 de mayo unos 3.100 kilos de la droga, descubierta a bordo de un camión cargado con harina de maíz, cuando ya transitaba por la ruta BR-277, a la salida de Matelandia, con destino a Sao Paulo.
Dos semanas antes, el 12 de mayo, esta vez a bordo de un camión cargado con bolsas de fariña de mandioca, detenido en la localidad de Santa Teresita de Itaipú, se encontraron 4.140 kilos de marihuana.
En todos estos casos, la droga había sido cruzada en lanchas, a través del embalse de la represa de Itaipú, y previamente habían sido embarcadas en los puertos clandestinos ubicados en las áreas protegidas o de reserva de la entidad binacional, en el lado paraguayo.

NO INTERVENIR. “Aquí todos sabemos que la costa del Lago de Itaipú está minada de puertos clandestinos, pero tenemos órdenes estrictas de no acercarnos, de no meternos, de no intervenir, si no es que no queremos tener problemas en nuestro trabajo”, cuenta Luis (nombre cambiado), uno de los guardabosques que cuidan el área del Refugio Biológico Tati Yupí, ubicado a solo 3 kilómetros al norte de Hernandarias, y que abarca una superficie de 2.245 hectáreas.
Sin embargo, la zona más utilizada por los narcotraficantes y contrabandistas es el Refugio Biológico Pikyry, en el distrito de Santa Fe del Paraná, a unos 20 kilómetros aguas arriba de la represa, en donde la Fiscalía de Hernandarias y la Secretaría Nacional Antidrogas realizaron varios procedimientos, y lograron sorprender a varias personas cuando estaban cargando cajas de cigarrillo falsificado, productos químicos ilegales, fotocopiadoras de última generación, perfumes y otras mercaderías, por valor varia veces millonarios, para pasarlas ilegalmente al Brasil, en tres ocasiones, entre enero y abril.

Red de “campanas”. Es muy difícil sorprender a los narcotraficantes y contrabandistas cuando están operando en un puerto clandestino, en las zonas protegidas de la Itaipú Binacional, porque existe una compleja red de “campanas” o informantes que les avisan cuando se pone en marcha un operativo fiscal-policial, revela Marcos, un agente antidrogas que trabaja desde hace tiempo en el Alto Paraná.
“Cuando un fiscal va a hacer un procedimiento, casi siempre tiene que llevar dos o tres camionetas con policías bien armados, pero apenas esa comitiva pasa por la primera garita policial que está en la supercarretera, a la salida de Hernandarias, esos mismo agentes ya les llaman por celular a sus socios narcotraficantes, para que abandonen toda actividad y no sean sorprendidos en los puertos”, explica el agente.
Las ocasiones en que se los puso sorprender, hubo que hacer un estratégico trabajo de internarse en el monte por caminos alternativos, en grupos separados, y vigilar pacientemente hasta verlos operar sin temor a ser descubiertos, “pero ese es un sistema muy peligrosos, porque tenemos que actuar muy pocas personas, con pocos equipos, para no ser detectados, y entonces estamos en desventajas de números y armamentos, porque estos tipos andan todos con ametralladoras uzi”, confiesa Marcos.
El agente revela que los directivos de la Itaipú Binacional conocen la existencia de todos los atracadero ilegales, pero no intervienen porque “los que operan en cada lugar cuentan con un padrino poderoso, ya sea un senador, diputado, ministro, general, comisario, juez, fiscal, incluso las más altas figuras del Gobierno, que reciben su parte semanalmente por permitir que se pueda trabajar sin que nadie les moleste”.

miércoles, 20 de mayo de 2009

CDE CONFIDENCIAL (4): Político, deportista y dueño de puerto clandestino


Marcial Vázquez (der.), político de Vanguardia Colorada y dirigente del club deportivo Boquerón, recientemente detenido por tráfico de drogas, fue individualizado como el principal dueño de un puerto clandestino en el barrio San Rafael de CDE.



Por Andrés Colmán Gutiérrez,
Wilson Ferreira
y Francisco Espínola


Los pobladores del barrio San Rafael de Ciudad del Este no lo podían creer. ¿Qué hacía esa comitiva de fiscales y policías ingresando a la populosa villa, más conocida como Kure Kua, detrás de la misma sede central de Aduanas y Puertos, en medio de las miradas hoscas de los vecinos, en plena noche, dirigiéndose hacia la costa del río Paraná?
Hasta entonces, nunca antes fiscal o policía alguno había intentado siquiera acercarse al lugar donde funcionan aproximadamente 15 puertos clandestinos, protegidos por una compleja red de vigilancia marginal, que custodian numerosos depósitos llenos de mercaderías, conectados a unas ingeniosas rampas de madera que conectan directamente a los precarios muelles sobre la desembocadura del río Acaray en las aguas del Paraná.
En Kure Kua, ya se sabe: ningún extraño debe asomar las narices cuando cae la noche y los embarcaderos ilegales inician una febril actividad de arrojar los grandes paquetes de hule negro, que se deslizan como por un tubo a través de las rampas de madera, para caer directamente a las lanchas deslizadoras atracadas en la cos, todo a una velocidad vertiginosa, porque no hay un segundo que perder cuando desde la costa brasileña han dado la “luz verde”, señal de que los funcionarios de la Policía Federal que acaban de entrar de guardia son “amigos”.
Pero esa noche del 26 de febrero de 2008, a las 21:00 aproximadamente, algo raro había sucedido. “Hicimos una tarea previa de inteligencia, fiscales que se hicieron pasar por pescadores en una lancha, para ubicar el lugar exacto donde operaba el puerto, y que también fueron advertidos de que tenían que abandonar el sitio antes de oscurecer, porque luego ya empezaban los disparos de amedrentamiento”, relata el fiscal general adjunto, Ever Ovelar, quien reconoce que las publicaciones realizadas en esta serie por Última Hora retratan una realidad compleja pero verdadera en la zona Este del país.

IN FRAGANTI. Esa noche del 26, cansados de esperar que los organismos naturales encargados de controlar y combatir el tráfico ilegal, como la Aduana, Puertos o la Marina intervengan y presenten denuncias, el máximo jefe regional del Ministerio Público dispuso la intervención de uno de los puertos ilegales.
El procedimiento estuvo dirigido por los fiscales Eduardo Cazenave y Humberto Javier Rosetti, al frente de un comando del Grupo Especial de Operaciones (GEO) y de efectivos de la Cuarta Zona de la Policía Nacional.
Los detalles del acta labrada en la oportunidad ilustran una escena que parece sacada de la película Miami Vice. El grupo ingresa al marginal barrio Kure Kua a través de estrechos pasillos. “A 1.500 metros de la entrada principal, encontrándose en la calle y sobre la vereda gran cantidad de mercaderías embaladas en bolsas de plástico negro y cinta adhesiva, frente mismo a una casa de material color oscuro, con la puerta del garaje abierta, en cuyo interior se observa asi mismo gran cantidad de mercaderías”, describe el informe.
La comitiva se interna más abajo, por un “pasillo con escaleras, que desciende hasta la ribera del río Paraná, donde se constata la existencia de un precario puerto clandestino de madera, el cual estaría siendo utilizado como puerto clandestino para el paso de mercaderías hacia el lado brasileño”.
En el interior de este segundo y precario depósito, ya sobre el río, los intervinientes encuentran “gran cantidad de mercaderías embaladas en cajas de cartón, envueltas en bolsas de hule de color negro, aseguradas con cinta de embalaje, lo cuales estaban siendo descendidos hasta la orilla del río, para su transporte por vía acuática…”.
En total, se encontraron 355 cajas conteniendo ropas, perfumes, cigarrillos y artículos electrónicos, que siguen depositados en el depósito del Ministerio de Público, a pesar de que el juez Wilfrido Velázquez, de Hernandarias, ha ordenado su devolución, pero la Fiscalía apeló la medida judicial.

RESPONSABLES. La intervención tomó completamente de sorpresa a los 21 hombres que se encontraban en el lugar, “quienes se desempeñaban como estibadores de las mercaderías”, describe el acta fiscal. Dos de ellos eran de nacionalidad brasileña, los demás todos paraguayos y en su mayoría moradores del mismo barrio San Rafael.
El informe judicial identifica como responsable del puerto clandestino a un ciudadano paraguayo de nombre Osvaldo Toledo Benítez, “quien manifiesta que el propietario del lugar es el señor Marcial Vázquez, quien no se encuentra presente”.
Vázquez es mencionado con frecuencia por varias de las fuentes que han trabajado con Última Hora en esta investigación, como uno de los principales “capos” de los embarcaderos ilegales del barrio San Rafael, aunque no es el único.
Marcial Vázquez es conocido como referente político de la Asociación Nacional Republicana, que milita en las filas del movimiento disidente Vanguardia Colorada, liderado por Luis Castiglioni y el ex intendente de Ciudad del Este, Javier Zacarías Irún. También es un conocido dirigente deportivo del Club Boquerón de la Liga Paranaense de Fútbol, con sede en la Villa 23 de Octubre. En momentos de escribirse esta nota, los autores intentaron entrevistar a Marcial Vázquez, pero el mismo no pudo ser encontrado.

martes, 19 de mayo de 2009

El rey del crimen fronterizo no tiene quien le lleve flores a su tumba




Valdecir Pinheiro, el hombre más temido y poderoso de la Triple Frontera, acabó enterrado en una fosa común, sin lápida ni cruz, abandonado por sus seguidores. Su propia madre se negó a retirar el cadáver. ¿El crimen no paga?.


Por Andrés Colmán Gutiérrez

Un irregular rectángulo de tierra roja removida y húmeda, escondido entre dos panteones, en los fondos del cementerio municipal Don Bosco, del km 7 de Ciudad del Este, es todo lo que queda de Valdecir Pinheiro dos Santos, considerado el delincuente más temido y poderoso de la Triple Frontera. "Nadie vino en todos estos días a visitarlo, ningún pariente, ningún amigo, ninguna novia. Nadie le puso una cruz o una lápida, nadie le trajo ni una sola flor", comenta Venancio Cáceres, único sepulturero del camposanto, quien lleva 15 años ejerciendo este singular oficio.
Al propio Venancio le tocó cavar la fosa. El martes 25 de marzo de 2008, a la mañana, un funcionario de la Fiscalía llamó a la Administración del cementerio y pidió que se busque un lugar vacío en donde enterrar un cadáver. El sepulturero no sabía de quién se trataba. Eligió uno de los pocos espacios libres que quedaban "en el Bajo" y con su vieja pala excavó el pozo, de dos metros de largo por uno de ancho, con un metro de profundidad.
A las 13.30 de ese día, bajo el intenso calor de la siesta, el cadáver llegó dentro de un ataúd ordinario de madera terciada, escoltado por funcionarios fiscales, periodistas y un comando de policías armados.
"Recién cuando pude ver que el cajón llegaba en medio de policías y prensa, me enteré de que era el cuerpo de Valdecir. Me asusté un poco. Unos días antes, dos policías vinieron a amenazarme en el cementerio, porque creían que yo ya lo había enterrado a escondidas, pero yo no sabía nada", admite el sepulturero, aún temeroso.

FINAL SANGRIENTO. Luego de varios años de ser el más buscado por la Justicia, Valdecir Pinheiro dos Santos fue abatido a balazos el 23 de enero de 2008 en el populoso barrio Pablo Rojas de Ciudad del Este, junto a otros cuatro miembros de su banda, en un cinematográfico enfrentamiento con la Policía, que resultó transmitido en vivo por los medios de comunicación.
"Se acabó el reinado del enemigo público número uno", decretó ante las cámaras el ex ministro del Interior, Rogelio Benítez. Valdecir era considerado el cerebro de más de diez sonados casos de secuestros extorsivos desde el 2003 (entre ellos los del tabacalero César Cabral, el empresario libanés Mohamad Barakat y el líder de la secta Moon, Hirokazu Ota), numerosos asaltos y varios asesinatos.
Desde entonces, su cadáver permaneció durante dos meses en la morgue de la funeraria Alto Paraná, a la espera de que sea reclamado por familiares o amigos, pero casi nadie vino. Una sola mujer se presentó un día, según cuenta un empleado, alegando ser "la novia de Valdecir", y aceptó hacerse cargo de los gastos del sepelio, evaluados en 1.500.000 guaraníes. Pero cuando le insinuaron que la Fiscalía iba a hacerle algunas preguntas, se despidió presurosa, prometiendo retornar al día siguiente. Nunca más volvió.
Una fuente de la Policía del Alto Paraná revela que la Federal brasileña tomó contacto con Eva Pinheiro dos Santos Silva, madre de Valdecir, pero la respuesta de ella fue tajante: "No tengo dinero, véanse ustedes con el cadáver para el entierro".

ABANDONO. Dos meses después, al percibir que nadie iba a hacerse cargo de los restos del rey del crimen fronterizo, el juez Adolfo Genes ordenó que sea enterrado en una fosa común para indigentes, en el cementerio local.
El "operativo sepelio" se cumplió con cuidadoso sigilo y despliegue de seguridad, ante el temor de que los "soldados" de Valdecir aparezcan a los disparos e intenten rescatar el cuerpo, pero nadie apareció.
Allí está ahora, Valdecir Pinheiro. Luego de haber manejado millones de dólares acumulados a base de pólvora y sangre. Luego de disponer de la vida y de la muerte de numerosos seres humanos. Luego de sentirse temido o idolatrado por sus presuntos fieles "soldados", que juraron dar la vida por él, y que lo abandonaron apenas se apagó su estrella criminal.
Allí está ahora el enemigo público número uno, el rey del crimen fronterizo. Como reza el pasquín que abre la novela "Yo el Supremo" de Augusto Roa Bastos: "Enterrado en potreros de extramuros, sin cruz ni marca que memore su nombre". ¿Será verdad que "el crimen no paga"?

UNA LARGA CARRERA CRIMINAL.

Nacido en Capeliña, pequeña ciudad del interior del estado brasileño de Minas Gerais, Valdecir José Pinheiro dos Santos "salió del anonimato para transformarse en uno de los bandidos más peligrosos de Sudamérica, refugiado en la Triple Frontera", revela un perfil publicado por el diario digital SopaBrasiguaia.com, de Foz do Iguazú.
En Brasil, donde inició su carrera delictiva, era buscado por la formación de bandas criminales y portación ilegal de armas, con dos órdenes de captura de la Justicia Federal, emitidas en setiembre y diciembre de 2002.
En el Paraguay, donde se refugió desde el 2003, comandó una banda especializada inicialmente en cometer asaltos juntos en la ruta 7."Bautizados como piratas del asfalto, los marginales fueron evolucionando en sus actividades corsarias hasta dar inicio a una serie de grandes robos y secuestros, cometidos en los departamentos de Alto Paraná y Caaguazú", revela el perfil.
"Considerado intocable en el submundo del crimen organizado, gracias a las generosas propinas pagadas por los miembros de su banda a las autoridades policiales, Valdecir poseía un ejército en pronta espera, dentro y fuera de la Penitenciaría Regional de Ciudad del Este", agrega.
Según SopaBrasiguaia.com, una prueba de esto fue "la rebelión, seguida de un intento de fuga, comandada por reclusos brasileños y paraguayos ligados a la banda, y posiblemente al Primer Comando Capital (PCC), ocurrido después del anuncio de su muerte".

CDE CONFIDENCIAL (3): Traficantes cruzan el río con la complicidad de los marinos


Un efectivo de la Armada Nacional, en una lancha de la institución, vigila un muelle pirata en el barrio San Miguel ("Kuwait"), mientras el contrabando cruza en pleno día hacia el Brasil.


Aunque la mayoría de los puertos clandestinos operan de noche, ÚH sorprendió a varias lanchas cruzando el Paraná a pleno día con cargas ilegales, mientras un efectivo de la Armada vigilaba sin intervenir.

Por Andrés Colmán Gutiérrez,
Wilson Ferreira
y Francisco Espínola


Tras la fugaz y arriesgada excursión fluvial por la zona del barrio San Miguel o Kure kua, para fotografiar por primera vez los puertos clandestinos con sus ingeniosas rampas de madera (publicado en nuestra edición de ayer), ubicado a apenas mil metros de la sede central de Aduanas y Puertos de Ciudad del Este, nuestra embarcación se dirige aguas abajo para visitar otros embarcaderos ilegales en los barrios San Miguel y Remansito.
Ya es casi mediodía de un día entre semana y sigue cayendo una pertinaz llovizna, que hace suponer a nuestro navegante guía que probablemente no habrá actividad de cruce de lanchas en el río.
Equivocada apreciación. En las casi media hora que duró nuestro paseo periodístico, en los apenas 9 kilómetros que van desde el Puente de la Amistad hasta la desembocadura del río Yguazú, nos topamos con cinco lanchas que cargaban mercaderías en varios puertos clandestinos, y luego se largaban a cruzar el turbulento Paraná, rumbo a la costa brasileña, a plena luz.
Y lo más increíble: en uno de los embarcaderos ilegales divisamos a una deslizadora de metal color gris, que lleva la inscripción “Prefectura Naval – LP 37 - Armada Paraguaya”, con un hombre con uniforme militar y chaleco salvavidas parado al lado, quien observaba atentamente a los que cargaban los enormes bultos envueltos en hule negro en el interior de las embarcaciones, y que luego se lanzaban raudamente a atravesar el río.
¿Acaso íbamos a ver a un valiente marinero cumpliendo su rol de velar por la soberanía nacional e impedir el tráfico ilegal y el robo al fisco?
Nos quedamos con las ganas. El marino parecía más preocupado en vigilar que las lanchas con su carga de contrabando crucen sin ningún problema hasta el otro lado de la frontera.

ZONA LIBERADA. Desde la desembocadura del río Acaray, muy cerca del Puente de la Amistad (aguas abajo de la represa de Itaipú), hasta la desembocadura del río Yguazú, en el punto exacto de la Triple Frontera entre Paraguay, Brasil y Argentina, son casi diez kilómetros de costa sobre el río Paraná, que en la práctica constituye una “zona liberada” para el tráfico ilegal de todo tipo (especialmente cigarrillos falsificados, armas y drogas, pero también electrónicos), con la obvia complicidad de las autoridades.
Según la observación realizada en el mismo terreno por los periodistas de Última Hora, y corroborada por informantes que conocen bien el tema, e incluso con datos proveídos por la Unidad Especial de Policía Marítima (Depom) de la Policía Federal brasileña, con asiento en Foz de Yguazú, en estos diez kilómetros de costa existen más de cien puertos clandestinos a ambos lados del río, de los cuales más de 60 están del lado paraguayo y cerca de unos 40 del lado brasileño.
En la costa Paraguaya, los embarcaderos ilegales se concentran en tres barrios populosos y marginales, ubicados precisamente junto a la ribera del río: San Rafael, San Miguel y Remansito, mientras del lado brasileño los puertos están también en las llamadas “favelas” o villas humildes Jardin Jupira, Bambú, Monseñor Guilherme y Medianeira.
Los puertos piratas más estructurados están en San Rafael, aguas arriba del Puente de la Amistad. Se calcula 15 en total, y permanecen más ocultos, ya que el barrio es de difícil acceso por tierra, es constantemente vigilado por los mismos pobladores para no permitir el ingreso de personas extrañas. Allí hay numerosos depósitos, ubicados principalmente sobre la desembocadura del río Acaray, y la mayoría tienen rampas de madera que conectan al río, para arrojar las cargas directamente a las lanchas, a gran velocidad, en horas de la noche, en completa oscuridad.
Más abajo del Puente, en los barrios San Miguel y Remansito, no hay rampas, sino escaleras de piedra o tierra apisonada que conducen desde los depósitos hasta una pequeña playa donde atracan los bancos. El cruce se realiza principalmente de noche, pero también de día, como lo demuestran las fotos captadas por Última Hora.

lunes, 18 de mayo de 2009

CDE CONFIDENCIAL (2): Drogas, armas y cigarrillos pasan el Paraná en 10 minutos


Lancheros proceden a cargar mercaderías en una lancha, en pleno día, en un puerto clandestinos del barrio San Miguel ("Kuwait"), para cruzar al Brasil.

Por Andrés Colmán Gutiérrez,
Wilson Ferreira
y Francisco Espínola


La lancha se mueve lentamente contra la fuerte correntada, tratando de no hacer mucho ruido y de llamar lo menos posible la atención, pero resulta inevitable. A pesar de la fuerte llovizna, el rugido del motor retumba a la distancia y provoca nerviosas corridas alrededor de los depósitos clandestinos, en la costa del barrio San Rafael, conocido como Kure kua.
Escondido bajo una carpa, con el lente de la cámara apenas asomando, el fotógrafo registra las escenas, mientras sus demás compañeros fingen ser pescadores en alegre excursión.
En frente de uno de los presuntos depósitos de mercaderías de contrabando, empiezan a juntarse varias personas que señalan hacia la embarcación. El lanchero se pone nervioso y sugiere emprender una prudente retirada, pero los periodistas imploran que siga navegando un poco más.
A medida en que la pequeña nave avanza, van apareciendo más edificios de madera o cemento, semiocultos entre la vegetación, todos con sus rampas de madera apuntando al río. Algunos de los puertos piratas tienen hasta muelles de piedra.
“En los puertos de Kure Kua se trabaja principalmente con lanchas deslizadoras, con poderosos motores fuera de borda, que navegan a alta velocidad, y las cargas son principalmente cigarrillos, armas y drogas, porque tienen poco volumen y dejan mucho dinero. Aquí el cruce es más rápido y peligroso, porque si te agarra la Federal brasileña, te ligás varios años de cárcel”, explica Pablo, un profundo conocedor del negocio, ya que trabajó como estibador en uno de los puertos.
Pablo, por supuesto, no se llama Pablo, pero acepta que le demos ese nombre en la entrevista. Cuenta que en el Lago de Itaipú, aguas arriba de la represa, el cruce de la frontera se hace en barcazas más grandes y más lentas, pero el viaje es más seguro, y las cargas consisten principalmente en enormes cargas con productos electrónicos e informática, aunque tampoco se descartan las drogas y las armas.
Abajo, el cruce del río se hace en menos de diez minutos hasta otro puerto clandestino en la favela Jardín Jupira, de Foz de Yguazú.
El esquema funciona así, explica Pablo: el cliente brasileño hace sus compras en Ciudad del Este y se le ofrece entregarle el producto directamente en Sao Paulo u otra localidad del vecino país, a precio “libre de impuestos”.
Cada distancia cuesta una comisión extra, pero siempre más barato que exportando legalmente, y ni hablar de mercaderías prohibidas como drogas o arnas de guerra.
En el esquema, todos reciben su parte: los aduaneros y otros funcionarios fiscales que ignoran la existencia de los puertos clandestinos (aunque están a solo mil metros atrás de la Aduana de CDE), los policías y marinos que declaran una especie de “zona liberada” y hasta brindan custodia, los políticos que apadrinan y dan protección, y también los pobladores del barrio que cuidan que nadie ingrese y tienen una segura fuente de empleo como lancheros, cargadores, vigilantes, “campanas”, revendedores, etc.

CDE CONFIDENCIAL (1): Los puertos clandestinos al desnudo


Precario puerto con rampas para arrojar los paquetes a las lanchas, perteneciente al dirigente deportivo y político colorado Marcial Vazquez, en la desembocadura del río Acaray sobre el río Paraná.

Entre el río Acaray y el Yguazú operan más de cien embarcaderos ilegales de contrabando sobre el Paraná, principalmente a la noche. Una investigación realizada en junio y julio de 2008 por un equipo de periodistas del diario Última Hora revela como se realiza el tráfico, con protección de autoridades. La situación no ha cambiado mucho, hasta ahora. La serie de reportajes (de las cuales incluimos una selección en este blog) ha sido presentada al Premio Ypys.


Por Andrés Colmán Gutiérrez,
Wilson Ferreira
y Francisco Espínola

A primera vista se parecen a unos precarios toboganes, de esos que existen en los parques acuáticos, pero no lo son. En realidad son rampas de madera, ingeniosamente fabricadas para arrojar a través de ellas la mayor cantidad de cajas con mercaderías de contrabando a bordo de lanchas estratégicamente atracadas al borde del barranco, en horas de la noche, en el menor tiempo posible, y luego cruzarlas en la oscuridad hasta el Brasil.
En Ciudad del Este muchos hablan de los puertos clandestinos con sistemas de rampas sobre el río, pero son muy pocos quienes han podido verlos hasta ahora.
Para acceder al lugar donde están ubicados, en las arboladas orillas del río Acaray y su desembocadura en el Paraná, hay que cruzar el populoso y marginal barrio San Rafael, más conocido como “Kure kua”, y eso es prácticamente imposible para quien no pertenece al esquema de tráfico ilegal complejamente montado.
Quien intente acercarse por tierra será rápidamente disuadido por hombres de aspecto amenazador, ubicados estratégicamente en las calles de entrada al barrio. Son los “campanas” que se ocupan de vigilar que no aparezca ningún desconocido, menos si tiene pinta de periodista o de fiscal. Ante la menor presencia sospechosa cunde la alarma y todo se paraliza.
“La otra manera de acercarse es por agua, pero no van a conseguir ningún lanchero que les quiera llevar hasta el sitio, porque apenas los contrabandistas vean que se están acercando mucho, les van a disparar desde la costa con sus rifles”, advierte don Julio, un viejo pescador que acostumbra instalarse con su bote frente a la isla Acaray (la que está en medio del río Paraná y se ve desde el Puente de la Amistad), y conoce de memoria la ubicación de cada puerto ilegal.
Los primeros disparos serán de advertencia, al aire o en el agua, muy cerca, explica don Julio. “Si no retroceden, ya les van a disparar directamente a la lancha. Más de una vez le han acertado a los de la policía federal o a algún pescador desprevenido. Aquí todos sabemos que no hay que acercarse a esos puertos”, aclara.
Son casi las 11 de la mañana de un día entre semana cuando decidimos arriesgarnos. Cae una fuerte llovizna y el amigo lanchero que ha aceptado llevarnos cree que no habrá mucho movimiento.
“En la mayoría de los puertos solo se trabaja de noche, en la oscuridad, cuando no se pueden sacar fotos y es fácil dispararle a alguien y hundirle en el río, pero de día van a poder ver como son los muelles, los depósitos y las rampas. Tengan mucho cuidado, que no les vean sacando fotos, porque es una misión muy peligrosa”, advierte el veterano navegante.
Y allá vamos, río arriba, surcando lentamente la fuerte correntada del Paraná, cruzando bajo el arco del puente. El fotógrafo oculto bajo una carpa, con la lente apenas asomando. En pocos minutos, a tan solo unos mil metros del edificio donde funcionan la Dirección General de Aduanas, la Administración Nacional de Navegación y Puertos, y todas las demás dependencias de control fronterizo, aparecen los primeros embarcaderos clandestinos.
Nos lo habían contado muchas veces, pero hasta verlo con los propios ojos, resultaba difícil de creer. Al doblar la curva e ingresar al cauce del Acaray, apenas disimulados entre los árboles, aparece una compleja red de rampas de madera construidos a lo largo del barranco, hasta el nivel del agua. Arriba, detrás del follaje, se ven construcciones con pared de madera y también de cemento.
“Arriba están los depósitos donde se guardan cajas con productos electrónicos, pero también cigarrillos falsificados, drogas y armas. Generalmente el movimiento empieza a eso de las 9 de la noche, cuando todo está tranquilo.
Alguien avisa por walkie talkie que hay luz verde para el cruce, las lanchas se estacionan bajo la rampa, y varios hombres empiezan a tirar las cajas una por una. En menos de diez minutos ya está todo cargado y el barco cruza rápidamente el río hacia el Brasil”, cuenta Pablo, morador de Kure kua, quien ocasionalmente ha trabajado como estibador en uno de los puertos clandestinos.